Estas situaciones de violencia,
que generalmente suceden en la escuela, tienen un peso propio, solemos
analizarlas incluyendo adjetivos calificativos sobre el niño/a o
adolescente que agrede como “violento”, “fuerte”, “popular”, o en el
caso del agredido, como “débil” “tonto”, “impopular”, o lo que es peor,
también sustantivamos y los denominamos “victimarios, acosadores,
víctimas y testigos” (¿Suena a código penal?). Estos términos, sin duda,
por su peso simbólico, estigmatizan a chicas y chicos en identidades
fijas, estáticas y futuristas.
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